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—Supongo que cuenta como un buen trato —cedió ella, permitiéndose una pequeña sonrisa—. Pero que conste: si me pides que me pruebe un zapato de cristal, me voy andando bajo el diluvio.

El autobús frenó frente a ellos. No era una carroza, pero los llevó exactamente a donde necesitaban ir. A veces, la magia no está en los cuentos de hadas, sino en encontrar a alguien que entienda que la vida real es mucho mejor cuando no tienes que fingir que eres de la realeza.

¿Te gustaría que la historia con lo que pasa cuando se encuentran a la salida, o prefieres cambiar el tono a algo más dramático?

—Trato hecho. Nada de cristal. Solo café del malo en la máquina de la oficina si volvemos a vernos a la salida.