Desde pequeña, cuando la nieve amenazaba con sepultar su pequeña aldea, ella podía sentir una chispa en su pecho. Un pequeño fulgor que mantenía sus manos calientes mientras los demás se congelaban. Había aprendido a ocultarlo, a vestir pesadas pieles incluso en los días menos fríos para justificar la falta de temblor en su cuerpo. Sabía perfectamente lo que les ocurría a aquellos que manifestaban el "Toque del Sol"; la Guardia de Hielo se los llevaba para nunca más ser vistos, acusados de portar la maldición que casi destruye el mundo siglos atrás.
Una noche, mientras investigaba en los niveles más profundos de la biblioteca, un tomo antiguo y forrado en cuero oscuro llamó su atención. No tenía título en el lomo, pero al tocarlo, una descarga de calor recorrió su brazo. Elara miró a su alrededor. Estaba sola. Con manos temblorosas, abrió el libro. Destino. El despertar del fuego - Sarah Rees Br...
Elara no esperó a ver qué pasaba. Agarró el libro misterioso y corrió hacia la salida secreta que utilizaban los servidores. Sabía que la ciudad ya no era segura. La Guardia no descansaría hasta darle caza. Desde pequeña, cuando la nieve amenazaba con sepultar
En el reino de Iliria, donde el invierno duraba nueve meses y el frío calaba hasta los huesos, Elara pasaba sus días entre manuscritos polvorientos y leyendas olvidadas. Era una aprendiz de historiadora en la Gran Biblioteca, un laberinto de piedra donde el silencio era la única ley. Pero Elara guardaba un secreto que podría costarle la vida: en sus venas corría un calor que no pertenecía a este mundo helado. Sabía perfectamente lo que les ocurría a aquellos
De repente, un crujido rompió el silencio del archivo. Elara cerró el libro de golpe, pero ya era tarde. El capitán de la Guardia de Hielo, un hombre de ojos grises y armadura plateada llamado Kaelen, estaba de pie en el umbral.
Corrió a través de la noche eterna de Iliria, guiada por el calor antinatural que emanaba de su propio cuerpo y el mapa grabado en su memoria. Su destino eran las Montañas de Ceniza. El despertar del fuego en su interior acababa de comenzar, y con él, el destino de todo un reino helado estaba a punto de cambiar para siempre.
El miedo de Elara actuó como un catalizador. Ya no pudo contener la presión en su pecho. Con un grito, extendió las manos y una ola de fuego ardiente estalló de su cuerpo. El hielo de la espada de Kaelen se evaporó al instante en una densa nube de vapor. El capitán retrocedió, cubriéndose el rostro con el antebrazo.
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